domingo, 3 de febrero de 2013

¿Y ahora qué hago?

En estos últimos tiempos mis tutorías están llenas, algo que no había pasado antes. No creo que se deba a un súbito aumento de mi carisma o de mi magnetismo profesional. Los estudiantes de Educación física a punto de acabar la carrera, no acuden a por ese empujoncito que oriente un trabajo académico o una investigación. Chicos y chicas de veintipocos años, con una formación impecable y un gran potencial docente, están desconcertados ante el panorama laboral que se les cae encima. Y la verdad, me inquieta el desanimo de sus reflexiones.
Graffiti de Banksy. No ball games.
Me dicen que han perdido la tranquilidad que se tiene, cuando uno, marcándose objetivos los va cumpliendo de forma gradual. Después de aprobar un examen, otro; después de un cuatrimestre, otro; un curso después de otro curso, así hasta llegar al final de su formación. Entonces parece llegar el abismo: ¿Y ahora qué? ¿Qué hago cuando acabe?
No puedo decirles -a quemarropa- que van a tener muchas dificultades para aprobar unas oposiciones, que cuando consigan una faena trabajarán más, por menos y en condiciones de mayor precariedad (aumento de la ratio, reducción de desdobles, menos ayuda a su formación continua...). 

No sé cómo decirles que finalizan su carrera en un momento de crisis estructural, que como mantiene Bruch no es una simple época de cambios, sino en un cambio de época. Que ese cambio, en este país, viene acompañado de continuos"recortes" (eufemismo al que algunos llaman austericidio) que parecen estar serrando los otrora intocables pilares del estado del bienestar: servicios públicos básicos como la sanidad, las pensiones, las prestaciones sociales o la educación. Muchos tememos que al debilitar el estado social, se esté abatiendo, de forma irreversible, al propio estado.
Estos jóvenes, que no son ciudadanos finlandeses o alemanes, ya se han familiarizado con el mantra de moda: la palabra "crisis", porque incluso han tenido dificultades para pagar sus matriculas o tienen algún progenitor en paro. Saben que este año han despedido a miles (has leído bien, “miles”) de docentes y cerrado decenas de escuelas (deseamos que no tengan que abrir cárceles.). Conocen la pírrica oferta de empleo público (22 plazas de Educación física, 30 de Primaria en la Comunidad Valenciana y poco más en alguna otra) para el ejercicio 2013, a la que concurrirán miles de aspirantes que, aún sacando un 10 en la oposición, no les servirá de nada.  Cómo explicarles que en estos tiempos frenéticos la institución educativa está dominada por dos tipos de personas, los que entienden lo que no dirigen, y los que dirigen lo que no entienden.
A ellos y a ellas, en este momento, quiero dedicar la breve reflexión biográfica de un hombre que fracasó en los negocios y cayó en bancarrota. Fue derrotado para la Legislatura de 1832. Su prometida murió en 1835. Fue vencido en las elecciones de 1836 y en las parlamentarias de 1843, 1846, 1848 y 1855. No tuvo éxito en su aspiración a la Vicepresidencia en 1856, y en 1858 fue derrotado en las elecciones al Senado. Este hombre obstinado y tenaz se llamaba Abraham Lincoln[1], elegido presidente de Estados Unidos en 1860.
Aunque no soy un regala consejos, sí quiero recordar a mis estudiantes algo que les repito con insistencia en clase: "no vale de nada estar aquí, si no venís a hacer algo". De nada os va a servir el reluciente título de Graduado, si llegada la hora de la verdad, no estáis dispuestos a lucharos el futuro. En la vida no solo triunfa el que tiene grandes cualidades, más pronto o más tarde, acaba triunfando quién está convencido que las tiene.
A la pregunta de ¿y ahora qué? solo puedo contestar con un firme: ¡vocación y hambre! Decirles que no se han equivocado de profesión, de momento ni de lugar. Que su formación tiene todo el mérito y el sentido del mundo. Que ahora viene la prueba de fuego que exige vocación. Vocación para seguir aprendiendo, para conseguir excelencia, para ser un profesional con talento. Ojo, un profesional talentoso no es quien lo sabe todo, es quien, con curiosidad insaciable, está dispuesto a aprender siempre.
Y tener hambre es la otra premisa, aunque reconozco que es difícil tener hambre cuando se está harto de ciertas políticas educativas, saciado de pronósticos agoreros y de calamitosas estadísticas oficiales (en estos momentos el 55% de los jóvenes españoles está en paro o buscando su futuro lejos de casa); es difícil tener hambre cuando se está saturado de no ver la salida porque ni siquiera parece haber camino. Les digo, hay que tener hambre para comerse la adversidad, hambre de escuela, hambre de niños, rebeldía para conquistar su propio futuro.
Por cierto, para acabar de reforzar ese mensaje de resiliencia personal y profesional tan necesario les contaré la historia del maestro y la bailarina (atribuída a Grynsberg). Dice así:
“Una chica consagrada desde joven a su gran pasión, el ballet, creyó llegado el momento de entregarse a la disciplina que la ayudaría a convertir su afición en profesión.Deseosa de convertirse en primera bailarina fue a hablar con el director de una gran compañía de ballet. En su despacho le dijo:-  Quisiera llegar a ser una gran bailarina, pero no sé si poseo el talento necesario o que se requiere-   Hazme una demostración, le dijo el director.    Transcurrido apenas 3 minutos, la interrumpió, moviendo la cabeza en señal de desaprobación.-    No, no tiene usted condiciones.La joven llegó a su casa con el corazón desgarrado, arrojó las zapatillas de baile en un armario y no volvió a calzarlas nunca más. Años después asistió a una función de ballet, y a la salida se topó con el viejo director que ya era octogenario, a quien recordó la charla que habían tenido años antes. Luego agregó: - Hay algo que nunca he terminado de entender. ¿Cómo pudo usted saber tan rápido que yo no tenía condiciones de bailarina?-  Ah!, apenas la miré cuando usted bailó delante de mí, le dije lo que siempre le digo a todas,- le contestó.-   ¡Pero eso es imperdonable! exclamó ella, arruinó mi vida, ¡pude haber llegado a ser primera bailarina!-  No lo creo, dijo el viejo maestro cargado de autoridad. Si hubieras tenido las dotes necesarias, y una verdadera vocación para bailar, no habrías prestado ninguna atención a lo que yo dije.
Apreciados estudiantes, en esta época en la que la confusión no solo reina, sino que también gobierna, no hagáis caso de agüeros y predicciones esterilizantes; vengan de donde vengan. Dejad la pesadumbre para los tiempos de bonanza, porque la frustración, aunque es una reacción muy humana, es un lujo que en estos tiempos no debemos permitirnos. A los profesores nunca nos han pagado por quejarnos (motivos no faltan, es cierto), nos pagan por resolver problemas. Además, ¡qué narices!, solo se fracasa cuando no se intenta.


[1] Abraham Lincoln Introdujo medidas que consiguieron la abolición de la esclavitud en EEUU (1863) y defendió lo que él mismo llamó "el gobierno de la gente para la gente". 













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